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Una época feliz

Una época feliz

 

Fue un ejercicio de redacción. Para soltar la pluma, la memoria y los sentimientos. En el grupo de 3º B escribieron sobre su niñez, todos. Las letras se amontonaron alrededor de los juegos de la niñez. Todos los vecinos que a las ocho de la noche salían a la calle a jugar a los encantados, el bote botado, la pelota. Las primeras amistades y las primeras vagancias. También aparecen los recuerdos de infancias rurales. La niña que vivía a 200 metros de un nacimiento de agua, a donde conectaban mangueras para traer agua potable y llevarla también a los potreros para dar de beber al ganado. Pero ese venero de agua era maravilloso. Con agua todo el tiempo, todos los días del año, y donde estaba construida una alberca. Ahí pasaban buena parte del día. Ahi se reunía la familia y recibían a amigos y conocidos. El agua, nadar, echar maromas, jugar a la roña en la pileta. Días maravillosos, gozosos. Niñas que gozaban yendo con su papá y sus hermanos a traer los becerros, ir la cerro, andar a caballo. Visitar a sus abuelitos para platicar, oir pláticas antiguas y asombrarse de historias de aparecidos y leyendas viejas. La niña que recuerda que le gustaba salir descalza por la mañana de rocío, deslizar sus pies por el pasto fresco, mojado, y voltear la visa para ver el camino que iban abriendo sus pies infantiles.

O la niña que veía que en la tarde llegaba su papá, cansado del trabajo y se recostaba. Allá iba ella, a estar cerca del calor de su papá y sentir que era la consentida.

Todos los muchachos hablan de su infancia. Tiempo que se llena de juegos, de comer, de sentirse queridos. Nada es responsabilidad. Todo es alegría. La belleza de la vida empieza por la infancia. Hoy lo recordamos. Hoy lo gozamos. Disfruté revisando esas linduras de recuerdos. Recordé mi propia infancia.

 


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